La mente me secuestra.

Hoy quiero hablar de algo que estamos experimentando la mayoría de nosotros durante esta etapa que nos está tocando vivir: el secuestro que nos hace nuestra mente.

 

¿Qué significa exactamente esto? Seguramente muchos de vosotros estáis apreciando cómo vuestra mente os formula miles de preguntas, os pone en situaciones hipotéticas y os pilláis a vosotros mismos pensando qué tendríais que hacer en cada una de ellas. En resumen, estamos intentando controlar lo que va a suceder. Ya os digo que eso no nos sirve de nada. Bueno, sí, de generar sensaciones de angustia, ansiedad, frustración y preocupaciones constantes.

Todo esto también se encuentra motivado por la sobreexposición a las noticias, informaciones y conversaciones que giran en torno a todo lo relacionado con el coronavirus y su impacto. ¿Y qué sucede? Pues que nuestra mente activa “modo alerta” y se pone a la defensiva con todo lo que está sucediendo.

Todo esto tiene mucho que ver con nuestra parte más instintiva que se encuentra en el tronco del encéfalo y cerebelo. A esta zona de nuestro cerebro la conocemos como Cerebro Reptiliano. Es la parte más antigua encargada de la supervivencia. Ésta funciona de manera automática, no necesitamos hacer nada en especial para que lleve a cabo las funciones para protegernos. Se encarga de la activación y la energía para llevar a cabo procesos de atención y consciencia; además es el sistema de reacción “lucha-huida”. Es el encargado de la respiración, ritmo cardíaco, temperatura corporal…

También, tenemos nuestro Cerebro Límbico, el centro emocional. La existencia de las emociones y su función siempre han estado en debate, hasta que se llegó a aceptar que son innatas y necesarias en el ser humano. Y aquí tenemos a nuestro cerebro límbico, que es el encargado de regularlas. Muchos aún rechazamos esto de los sentimientos o las emociones, porque creemos que nos hacen débiles. Y en un mundo donde las creencias giran en torno a la necesidad de mostrarnos fuertes, esto de aceptar las emociones como parte de nosotros, sería “de débiles”. ¡Qué equivocados estamos! Las emociones son básicas y nos permiten sobrevivir. Plantéate esta pregunta: ¿qué pasaría si no tuvieras miedo, si no te enfadaras, si no sintieras asco…? Si esto fuese así, recorrerías peligros innecesarios; si no te enfadaras podrías experimentar situaciones injustas hacia a ti; si no sintieras asco podrías comerte algo en mal estado y enfermar… Y sería bueno, que además de saber esto, también asumieses y aceptases que eres vulnerable. Como lo somos todos.

Y la parte “más nueva” sería el Cerebro Racional. Está situada en la capa superior del cerebro, donde se encuentra el pensamiento lógico y metódico, y además, las funciones ejecutivas. Éstas son las encargadas de controlar y autorregular la conducta.

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¿Y por qué os cuento todo esto? Pues para que estéis informados de cómo funciona nuestro cerebro ante los diferentes estímulos que pueda estar recibiendo, y así, aprendáis a gestionarlo de una manera sana y responsable.

Es imposible controlar nuestra mente. No podemos ser nosotros los que decidamos de manera consciente qué pensamos o qué sentimos. Sin embargo, sí podemos decidir cómo reaccionar frente a los estímulos que recibimos. Por ello, es importante identificar aquellos momentos en los que estés contándote que tienes que controlar lo que piensas y lo que sientes, y una vez que lo hagas, ser consciente de que lo que intentas es luchar contra tu propia naturaleza.

¿CUÁLES SON LAS FORMAS DE “FALSO CONTROL” QUE CREEMOS TENER SOBRE LO QUE PENSAMOS O LO QUE SENTIMOS?

  1. Estrategias de huida.
    • Distracción.
    • Escapar
    • Desconectar
    • Evitarlas
  2. Estrategias de lucha.
    • Suprimirlas.
    • Discutir contigo mismo.
    • Intento de sustitución de pensamientos.
    • Obligar a que se marchen.

Pregúntate: ¿te ha funcionado llevar a cabo estas estrategias a largo plazo?, ¿cuánto sufrimiento y carga emocional te supone efectuar todas estas maniobras?

MI CABEZA PENSANTE

 

El ser humano es el único ser vivo que hace uso de las palabras. ¿Cuándo? Pues cuando habla en público, al escuchar o al escribir; y en privado, cuando pensamos. Esas palabras en forma de pensamiento también pueden estar acompañadas de imágenes y/o sensaciones.

Los pensamientos son verdaderamente importantes para el ser humano. Nos permiten reflexionar, decidir, crear, imaginar, razonar… Siempre y cuando hagamos un buen uso de éstos y sepamos a cuáles verdaderamente prestarle atención o no.

Existen diferentes tipos de pensamientos: opiniones, valores, actitudes, juicios, recuerdos, ideales, creencias, teorías, planes, deseos, estrategias, objetivos…

Esos pensamientos, además, pueden ser agradables o desagradables. (Es mejor etiquetarlos así, que etiquetarlos como positivos o negativos, porque eso genera más carga emocional por la connotación que tienen ambas palabras.) ¿Sabes que intentamos hacer casi todos ante los pensamientos o sentimientos que son angustiosos? Tenemos la necesidad de cambiarlos, controlarlos, eliminarlos. ¿Y qué hacemos para intentarlo? Luchar contra ellos, evitarlos, escapar…Y, ¿qué pasa cuando vuelven? Nos sentimos frustrados, impotentes, llenos de rabia, agobiados, hartos¡Bienvenido a este fantástico bucle! (Vuelvo a adjuntar esquema casero):

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Entonces, ¿qué hago para poder controlar los pensamientos? ERROR EN LA FORMULACIÓN DE LA PREGUNTA. Los pensamientos no se pueden controlar. Lo único que podemos hacer con ellos es manejarlos. ¿Cómo se hace eso?

¿CÓMO MANEJAR MIS PENSAMIENTOS DE MANERA SANA?

  1. Lo primero que necesitamos es comprender que estamos completamente fusionados a los pensamientos. Nos lo creemos muchas veces a pies juntillas. Y es importante tener en cuenta que:
  • Los pensamientos no siempre son realidad.
  • No siempre son verdad.
  • No siempre son importantes, no tienes que tomártelos en serio.
  • No son órdenes.
  • No son sabios, no siempre tienen razón.
  • No son amenazas.

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2. Los pensamientos son solo palabras.

3. Es muy importante tener cuidado con los pensamientos catastrofistas y las preocupaciones excesivas. Estos nos pueden jugar malas pasadas, pues se activan emociones desagradables como miedo, pánico, angustia, ansiedad, impotencia…

4. Los pensamientos pueden ser agradables o desagradables. Tendemos a prestarle mucha más atención a los pensamientos que nos movilizan emociones desagradables. ¡Qué injustos con nosotros mismos!

5.Los pensamientos son incontrolables. Es primordial asumir y aceptar esto. Si seguimos luchando contra ellos, no podremos gestionarlos.

6.Los pensamientos pueden ser útiles, o no. Es necesario preguntarte ante el pensamiento que te atrape, si te resulta útil o no.

7.Es necesario distanciarnos de ellos. Preguntarnos si ese pensamiento me sirve para construir la vida que quiero tener, si me ayuda a cumplir mi objetivo. A esto lo llamamos de-fusión cognitiva.

8.Los pensamientos también despiertan a nuestras emociones, ¿por qué? Porque nuestro cerebro entiende con palabras, y éste reacciona a ellas.

16967_proceso-emociones.es9.Cuidado con las creencias inconscientes, que son escuchadas a través de pensamientos. Que sea una creencia no significa que sea la realidad. Las creencias se trabajan en terapia en profundidad porque, en la mayoría de las ocasiones, nos hacen daño y perjudican. Por ejemplo, si pienso que tengo que hacerlo todo perfecto, ¿cuánto control necesito estar ejerciendo sobre todo?; ¿qué provoca eso en mi sistema emocional?

 

10.Tener en cuenta que un pensamiento es solo un proceso cognitivo. Por eso, puede ser bueno que cuando seas consciente de que un pensamiento te está secuestrando o te está atrapando añadas delante de ese pensamiento: “Estoy teniendo el pensamiento de que…” ¿Por qué? Pues porque no es lo mismo pensar: “Seguro que voy a contraer el coronavirus y voy a acabar ingresada en el hospital”, que decirte: “estoy teniendo el pensamiento de que seguro que voy a contraer el coronavirus y voy a acabar ingresada en el hospital”.

11.Ten claro que, independientemente de lo que tú pienses, siempre puedes decidir cómo actuar o reaccionar.

12.Hazle caso a tus pensamientos cuando te ayuden a conectar con tu esencia, con tu criterio y con tus principios o cuando sean reflexiones objetivas que colaboren a crear la vida que quieres vivir. Es importante que exista coherencia y sintonía interna. ¿Eso qué significa? Pues que nuestras emociones, pensamientos y nuestro comportamiento vayan en la misma línea. ¿En la misma línea con qué? Con nuestro código personal. Esto es algo que trabajamos en la terapia psicológica de manera pormenorizada. Pero dejo pinceladas por si os sirve o queréis investigar.

13.Date cuenta de la carga emocional que le pones a los pensamientos e intenta analizar si es así como te lo cuentas. Por ejemplo: te sale mal algo concreto en el trabajo y te dices: “es que soy un desastre, no valgo para nada” (dichosas autocríticas destructivas). Forma de cuestionarme el pensamiento: ¿realmente soy un desastre por hacer algo mal? ¿No valgo para nada por equivocarme en esto? ¿Por qué pienso así sobre mí? Teniendo en cuenta este ejemplo, posiblemente la persona esté conectando con su sistema de creencias: “tengo que ser perfecta, y, por tanto, hacerlo todo bien. En caso de no hacerlo o conseguirlo, entonces, soy un desastre. Esto habla directamente de mi autoestima.

14.Diferencia entre pensamiento positivo, negativo o realista. Yo apuesto, siempre, por ser realista. Esta es la forma más sana de vivir.

15. ¿Es un pensamiento rígido o flexible el que estoy teniendo? La rigidez mental la tenemos porque consideramos que de esta forma podríamos controlar. No es más que una utopía. Recuerda: “lo rígido se rompe, lo flexible se adapta”. Por ello, es importante entrenar la flexibilidad psicológica. ¿Qué es eso de flexibilidad psicológica? Es una capacidad cognitiva que tiene nuestro cerebro para adaptarse con facilidad a situaciones que sean novedosas, inesperadas y/o cambiantes ¿Cómo podemos hacerlo?

Contactar con el momento presente como ser humano consciente, de forma plena y sin defensa, tal como ese momento es y no como nos decimos que es y persistir en nuestro comportamiento o variarlo en función de nuestros propios valores”.­ Hayes, Pistorello y Levin.

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16. ¿Mi pensamiento me está llevando al pasado, al futuro, o me mantiene en el presente? Es necesario la práctica de Mindfulness o Atención Plena. Ésta colabora muchísima en estar en el aquí y en el ahora.mindfulness_poster_UK

Cuidado con los pensamientos adivinos o anticipatorios. Si estoy anticipando estoy viviendo en el futuro, y pensando en estrategias sobre qué podría hacer si me encontrase en esa situación. Esto genera emociones relacionadas con la ansiedad.

  1. Es importante contextualizar y relacionar las informaciones positivas con las negativas. Es importante distinguir entre las siguientes figuras:
    1. Yo como contenido: parece que lo que siento y lo que pienso me define.
    2. Yo como contexto: los pensamientos y emociones son variables, es una parte de mí, pero no soy yo.
    3. Yo como observante: puedo observar esos pensamientos y emociones, siempre y cuando tenga puesto en marcha el yo como contexto.

 

 ¿CUÁLES SON LOS PENSAMIENTOS MÁS COMUNES QUE ESTAMOS DESARROLLANDO ACERCA DE LA SITUACIÓN ACTUAL?

  • “No voy a poder soportar esta situación más tiempo”. Pensamiento adivino. ¿Seguro que no vas a poder? ¿Cómo lo sabes? ¿Dónde tienes la mente puesta, en el ahora, o en el futuro? ¿Te resulta útil este pensamiento?
  • “Esto es lo peor que nos ha pasado nunca”. Pensamiento catastrófico. Es importante tener en cuenta la realidad de la vida. Nosotros solo somos seres humanos. Los virus forman parte de nuestro sistema, son organismos vivos. Ha habido millones de enfermedades a lo largo de la historia de la humanidad, desastres naturales… Esto está siendo crudo y muchas personas están enfermando y, algunas, muriendo. ¿Te resulta útil este pensamiento?
  • “¿Y si me enfermo y acabo muriendo?”
  • “¿Y si esto hace que mi pareja me deje porque no nos vemos?
  • “¿Y si hay algo que no he desinfectado bien en la casa?”
  • “¿Y si nos quedamos sin comida o sin productos de limpieza?”
  • “¿Y si esto no termina hasta dentro de un año?” Los “y si” podemos agruparlos todos en uno. Son pensamientos anticipatorios. Me generan ansiedad y angustia porque estoy pensando en el futuro. ¿Te resulta útil pensar en todo esto?

Prueba tú mismo a de-fusionarte de estos pensamientos. Es decir, prueba a poner en práctica toda la información que has visto, y si quieres cuéntame cómo te ha ido.

  • Seguro que alguien de mi entorno se muere y lo voy a pasar fatal.”
  • “Como siga así me voy a volver loco”.
  • “Cuando todo esto pase voy a tener mucho miedo a todo”.
  • “Tendrían que haber tomado otras medidas”.
  • “Seguro que por mi culpa he podido contagiar a alguien sin querer”
  • “Me está costando respirar, seguro que es un síntoma”.
  • “¿Qué voy a hacer cuando esto acabe?”

RECUERDA:

Los pensamientos no se van a ir. Los pensamientos no van a desaparecer. Los pensamientos volverán. No se pueden controlar. Lo que sí podemos hacer que es mucho más poderoso que intentar hacer todo lo anterior, es cambiar la forma que tenemos de relacionarnos con ellos. Desde la aceptación, desde el respeto hacia esa parte innata en mí, y desde el manejo sano y coherente.

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