Me siento triste y no me gusta.

La tristeza es una de las emociones más evitadas por todas las personas. Y solemos hacerlo porque es una emoción que nos hace sentir dolor, desmotivación, decaimiento, desasosiego… No obstante, la tristeza tiene la gran capacidad de hacer que miremos hacia dentro de nosotros, y poder contactar con lo que hay ahí en un ejercicio de introspección. Muchas veces, padecer esa tristeza nos da permiso para contactar con lo que nos hace sentir haber perdido lo vivido, aceptar que eso que fue, ya no es, y para poder enfrentarnos a la nueva realidad y asimilarla.

Antes de continuar hablando de la tristeza de manera individual, veo importante que comprendamos cómo necesitamos relacionarnos con nuestras emociones.

LOS SERES HUMANOS Y SU SISTEMA EMOCIONAL.

Todos los seres humanos experimentamos sensaciones, emociones y sentimientos. Todas estas emociones nos permiten, ante todo, tener plena conciencia de estar vivos. La emoción es movimiento: muchas de estas emociones nos invitan a actuar (la rabia, por ejemplo), y otras nos ayudan a mirar hacia adentro, nos contraen (como el miedo). Esto se conoce como expansión emocional y contracción.

¿Cuál ha sido uno de los problemas fundamentales de la sociedad en relación a las emociones? Pues como ya he comentado en alguna publicación anterior nos enseñan a tener que reprimirlas, esconderlas. Nos hacen distinguirlas entre negativas y positivas, cuando esto, en absoluto, es así. Todas las emociones son necesarias. Algunas son agradables y otras no tanto. ¿Te has planteado alguna vez qué sería vivir sin sentir alegría?, ¿sin sentir tristeza?, ¿sin sentir asco o miedo?

Exacto, si no sintiéramos todo cambiaría. Porque las emociones nos ayudan a reaccionar, a tomar decisiones, a emprender el camino del autoconocimiento. Está claro que muchas veces sentimos emociones que no son del todo adaptativas, que son demasiado intensas, o que las vivimos de manera muy frecuente. Posiblemente, esas emociones quieran decirte algo de ti. Los seres humanos, en nuestro gran desconocido cerebro, registramos huellas. Sí, tal y como lo lees.

LAS HUELLAS DE MEMORIA Y LAS HUELLAS EMOCIONALES.

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La huella de memoria es el recuerdo que queda de una experiencia vital, por ejemplo: imágenes, olores, sabores, sensaciones, emociones, estímulos sensoriales…No necesariamente tenemos por qué recordar estas huellas de memoria para que se despierten las huellas emocionales. La huella emocional está asociada al recuerdo. Podríamos decir que en el presente se reavivan emociones que experimentamos en el pasado.

Si os dais cuenta, se están mezclando dos conceptos: memoria y emoción. Esto es así porque son influyentes de manera bidireccional, los recuerdos suelen generar aparición de emociones; y, otras veces, sentir una emoción nos hace recordar un suceso donde lo sentimos de manera diferente. Vamos a ejemplificarlo:

  1. Cada vez que me como un chicle de menta de una marca en concreto (huella de memoria), la mente me transporta a una excursión que con el colegio hice a Sierra Nevada. Esto, a su vez, puede activar recuerdos de las emociones que sentí: ilusión al ver la nieve por primera vez.
  2. Cuando escucho gritar a alguien me pongo muy nervioso y ansioso (huella emocional) y me entran ganas de salir corriendo. No entiendo muy bien por qué me sucede esto, no lo relaciono con nada de lo que me haya podido ocurrir. Normalmente, esas emociones pueden parecer demasiado intensas y desproporcionadas para lo que está sucediendo en realidad. Por ello, en terapia podemos observar que, muy posiblemente, “eso” que te provoca sentirte así no esté resuelto, y haya que explorar y descubrir cuál es su origen, darle un sentido nuevo (proceso de resignificación), y así poder gestionarlo de una manera sana.

Por tanto, es necesario que comprendamos que las emociones existen y están presentes por y para algo. Tienen su propia función, y a veces parecen que está encriptadas, por lo que dependerá de ti que quieras descubrirlas. Para ello, es fundamental:

  1. Percibir mi emoción. Es decir, escucharla y saber que está ahí.
  2. Tener la capacidad de identificarla. Ponle nombre a esa emoción, qué es eso que estás sintiendo. Si no consigues ponerle un nombre, al menos, describe cómo te sientes.
  3. Abrazarla. Asimilarla. Dejarla estar ahí.
  4. Gestionarla y manejarla. ¿Qué puedes hacer con esa emoción?¿Qué quiere decirte?

Está claro que muchas de las emociones que sentimos nos ayudan a reaccionar de manera impulsiva, sin pensar demasiado. Y menos mal, así podemos sobrevivir. ¿Te imaginas a nuestros antepasados pensando qué hacer ante la bestia que va a atacar a su hijo pequeño, en lugar de defenderlo y ponerlo a salvo?

Pero otras muchas emociones están ahí permanentemente. A veces están acalladas y otras están muy despiertas. En muchas ocasiones he escuchado: “estoy cansado de sentir esta tristeza constantemente”; “no entiendo por qué me cuesta tanto dejar las relaciones que no funcionan”; “sentir tanta ansiedad desde tan pequeña ante la oscuridad no lo comprendo”…

Las emociones pueden expresarse en diferentes planos:

  • Nivel emocional: lo que siento. Es decir, tienes la capacidad de identificar la emoción en el mismo momento que la estás sintiendo.
  • Nivel cognitivo: lo que pienso. Te das cuenta de que algo no va bien porque estás teniendo pensamientos en bucle, rumiaciones, pensamientos obsesivos…
  • Nivel conductual: lo que hago. Tu comportamiento se ve influido por cómo te sientes sin darte cuenta: reaccionas de manera agresiva, fumas o comes demasiado, etc.
  • Nivel fisiológico: las somatizaciones. Te duele la cabeza, el estómago, la espalda…

Una pregunta para que puedas reflexionarla: ¿desde qué plano te escuchas más a ti mismo?

LA TRISTEZA

La tristeza es una de las emociones que más están apareciendo durante la crisis sanitaria y económica que estamos sufriendo, especialmente, después de varias semanas de confinamiento en casa. Es completamente normal. La situación vivida está generando un gran impacto psicológico para todos nosotros. A lo largo del día podemos experimentar innumerables sensaciones y emociones: incertidumbre, agobio, ansiedad, miedo, … Y todas, a su vez, pueden hacernos sentir desasosiego, desesperanza, decaimiento, desmotivación, tristeza.

La Organización Mundial de la Salud ya ha advertido de la importancia de cuidar nuestra Salud Mental durante esta reclusión porque, muy probablemente, puedan aparecer posibles trastornos del estado de ánimo. Por ello, es fundamental que cuidemos nuestra psique, no solo ahora, sino siempre.

Es importante que tengamos la capacidad de identificar qué nos está pasando, y por ello, en este artículo profundizo sobre la emoción de tristeza para que podáis conocerla y aprender a gestionarla.

La tristeza es una emoción muy amplia. Por ello, quiero especificar qué podemos sentir al estar tristes: autocompasión, abatimiento, desánimo, frustración, fastidio, malhumor, decepción, aflicción, desolación, pena, desaliento, dolor, duelo, pesadumbre, desconsuelo, desesperanza, desánimo, pesimismo, aburrimiento, apatía, melancolía, añoranza, nostalgia, disgusto, preocupación, resignación, soledad, conmoción, desdicha, infelicidad. Si no conoces todas estas emociones, te invito a que inspecciones sobre lo que significan, de esta forma, te será más fácil poder descubrir qué sientes.

Como puedes ver, el término tristeza es muy amplio. Por ello es importante identificar exactamente cómo nos sentimos para poder abordarlo de una forma u otra. Es importantísimo ser conscientes de que cuando la tristeza se queda demasiado tiempo, es intensa y frecuente, puede convertirse en un trastorno del estado de ánimo.

Tan malo es dejarla estar demasiado tiempo como no querer que esté. Rechazar esta emoción es muy perjudicial para nuestra salud mental, pero también física. Ya habréis escuchado hablar de que el cuerpo también se enferma.

Todas las emociones tienen una función adaptativa, y la tristeza también. De hecho, es vital para nuestra salud mental y física.

Como hemos dicho antes, hay diferentes niveles por los que nos escuchamos. ¿Cómo puede aparecer representada la tristeza? Vamos a explicar el Triple Sistema de Respuesta:

  • En el canal cognitivo vamos a tener pensamientos negativos y pesimistas. ¿Por qué ocurre esto? Porque, en general, distorsionamos la realidad cuando nos encontramos tristes. Así que cuidado con darle demasiada importancia y dotar de realidad estos pensamientos, que, probablemente, no se correspondan con la realidad. Además, aparecen en nuestra mente otros momentos en los que nos hemos sentido así (recuerdos).
  • En el canal conductual nos sentimos inactivos y sin demasiadas ganas para hacer cosas. Es importante ser consciente de ello, porque si es por un período corto de tiempo no pasa nada, porque nos ayudará a poder abordar la tristeza, pero si se alarga en demasía, es recomendable acudir a un especialista.
  • En el canal fisiológico ocurre lo siguiente: elevación de la activación neurológica, bajada de la velocidad del metabolismo, pequeños incrementos de la presión arterial y de la tasa cardiaca.

DIFERENCIAR ENTRE TRISTEZA Y DEPRESIÓN

La tristeza es simplemente una emoción, mientras que la depresión es un trastorno del estado de ánimo. Existen diferentes intensidades y tipos de depresión.

¿Cómo saber si estoy atravesando una depresión?

Cuando la tristeza sea demasiado intensa, duradera y frecuente en el tiempo. Además, generará una importante influencia en alguno de los ámbitos de nuestra vida social, laboral, familiar…

¿Qué tipo de síntomas podemos experimentar durante la depresión?

  • Tristeza.
  • Irritabilidad.
  • Inapetencia sexual.
  • Pérdida de apetito.
  • Dificultad a la hora de dormir.
  • Somatizaciones físicas.
  • Sentimientos relacionados con la culpa.
  • Desgana al relacionarnos con los demás.
  • Dificultad para tomar decisiones
  • Ideación suicida.
  • Insatisfacción vital.

FUNCIONES DE LA TRISTEZA

Sentir tristeza nos ayuda a procesar el acontecimiento o situación que ha desencadenado esa emoción, es decir, que tengamos la capacidad de comprender y asimilar lo que ha sucedido.

Por otro lado, otra de sus funciones es que podamos generar empatía una empatía mutua. Esto ocurre gracias a las neuronas espejo, que nos ayudan a tener la capacidad de descifrar y comprender qué está sintiendo la otra persona.

Además, la tristeza nos ayuda a reflexionar.

LAS CAUSAS DE LA TRISTEZA

Las causas pueden ser externas o internas. La emoción derivada de una causa externa tiene que ver con los acontecimientos o situaciones que podamos estar atravesando: la pérdida de un ser querido, un despido laboral, el traslado de residencia… Y luego, por otro lado, pueden ser causas internas. Ésta tiene más que ver con los procesos internos: sentirnos vacíos o insatisfechos; sufrir desesperanza; padecer melancolía porque lo que fue ya no es, ni será…

Sea cual sea la causa, lo importante es darle su espacio, su lugar y poder abordarla.

Uno de los procesos más comunes donde existe la tristeza es durante el duelo. Este proceso es normal ante cualquier pérdida. Existen diferentes tipos de pérdidas:

  • Fallecimiento de un ser querido.
  • Cambio en la vida evolutiva (por ejemplo, pasar de adultos a ancianos).
  • Pérdida de alguna parte de nuestro cuerpo.
  • El momento en que los hijos se independizan.
  • Pérdida de un empleo.
  • Distanciamiento de un amigo.
  • Pérdida de nuestra vida social.
  • Etc.

El duelo es un estado psicológico que nos permite, poco a poco, asimilar la pérdida y adaptarnos a la nueva vida. Existiendo diferentes etapas para poder llegar a este último punto: negación; enfado-ira-impotencia; tristeza profunda; negociación; asimilación; aceptación; aprendizaje.

El dolor no puede evitarse, de hecho, es necesario. La función del dolor es experimentarlo, integrarlo, aprender de él, aceptarlo y resignificarlo.

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¿CÓMO ABORDAR LA TRISTEZA?

Lo más importante es tener claro que la tristeza vamos a sentirla. Por lo tanto, el camino sano y coherente será aceptar que esto será así. Sentir tristeza no es de débiles ni de fuertes , es de seres humanos. Y si estás leyendo esta publicación quiere decir que eres humano. Aceptar la emoción significa permitirnos que esté, darle permiso, porque una vez que la sientes no puedes echarla. Trátala como si de un huésped se tratase.

Lo siguiente, será identificar qué te hace sentir triste o cualquiera de las variantes de la tristeza que antes hemos citado. Debido a la situación que estamos viviendo podemos experimentar esa tristeza por muchos motivos:

  • Estar lejos de nuestros seres queridos.
  • Haber perdido a alguien a quien queremos por fallecimiento.
  • Sentir miedo por las personas más vulnerables de nuestro entorno.
  • Haber perdido nuestro trabajo o haber disminuido los ingresos.
  • Estar tristes por todo lo que está ocurriendo a niveles generales (sentimientos de empatía).
  • No relacionarnos de la manera habitual.
  • Ver las calles vacías, sin ruidos.
  • Sentir irritación y/o agobio por la situación de confinamiento.
  • Preocupación por lo que pueda venir.
  • Etc…

Lo más importante, una vez que tengas la capacidad de darte cuenta de qué está pasando en tu interior es, que además de asimilarlo, lo desahogues.

El desahogo es el acto que llevamos a cabo con el objetivo de sacar fuera la emoción, de aliviarnos y descansar. No necesariamente tenemos que desahogarnos llorando o hablando con alguien, que también. Existen los ejercicios de introspección que pueden ayudarnos mucho: escuchar música, escribir un diario, dibujar, escribiendo algún relato, componiendo una canción… Bien es cierto, que una de las formas de desahogo que mejor nos pueden venir durante esta etapa es la de compartir con el otro cómo me estoy sintiendo. Sentirnos apoyados y acompañados durante esta etapa, aunque sea a través de llamadas o videollamadas, es muy beneficioso para nuestra salud mental.

Además, también será importante reflexionar acerca de qué quiere decirte esa tristeza. De esta manera podrás asimilar las cosas que han sucedido y darle un lugar para ti, que te invite, cuando sea el momento a realizar un crecimiento personal, puesto que la tristeza es un periodo necesario en el que necesitaremos quedarnos durante un tiempo, algunas veces más largo y otras menos, para poder realizar cambios necesarios.

El Mindfulness es una técnica que funciona ante los sentimientos de tristeza o la depresión. Muchos estudios recientes se han dedicado a investigar cómo la práctica de la respiración consciente puede ayudar a los síntomas de la depresión. Gracias a la focalización de la atención podemos prestar atención a otros estímulos diferentes.

Para terminar, me gustaría compartir con vosotros este pequeño fragmento:

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